Actividades diarias, movilidad, equilibrio y apoyo necesario para vivir de forma independiente.
Evaluación conjunta de la memoria, el pensamiento, el estado de ánimo y la conducta para comprender el bienestar mental.
Antecedentes médicos, medicamentos, enfermedades crónicas y necesidades de atención preventiva.
Condiciones de vivienda, vínculos sociales, apoyo de cuidadores y recursos comunitarios.
Décadas de investigación muestran que los programas de valoración geriátrica integral mejoran la capacidad funcional y reducen los reingresos hospitalarios de las personas mayores.